Dangerousness
We run various sites in defense of human rights and need support to pay for more powerful servers. Thank you.
Archives
Recent Comments

    Cuba vive el fracaso de los CDR, esos “vigilantes” comités de barrio

    Cuba vive el fracaso de los CDR, esos “vigilantes” comités de barrio
    30 de junio de 2017 – 18:06

    Los Comités de Defensa de la Revolución, CDR, convertidos en los
    “minicuarteles” del régimen, hoy tienen operatividad casi nula en medio
    de una crisis que obliga al cubano a buscar, en primer lugar, cómo
    sobrevivir
    JULIO GONZÁLEZ
    Especial

    LA HABANA.- Los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), que desde el
    28 de septiembre de 1960 han sido los ojos vigilantes y tentáculos del
    castrismo para controlar a la población cubana, podrían tener sus días
    contados a raíz de un “creciente desinterés ciudadano” por el desgaste
    político del régimen cubano y la prioridad por la supervivencia de la
    población en la mayor de las Antillas.

    Los CDR, que son los “minicuarteles” que Fidel Castro creó en cuadras y
    edificios multifamiliares para espiar “la vida de todos” y que
    presionaba a los vecinos para ser miembros activos, han dejado
    prácticamente de funcionar en vastos sectores de La Habana, a pesar de
    que todavía siguen cobrando una cuota de membresía para su sostenimiento.

    La operatividad de estos organismos sectoriales hoy es casi nula por
    factores como la pobre economía y el desabastecimiento en una isla
    dirigida por un monopolio familiar, hechos que han ocasionado que la
    gente dedique mayor tiempo a conseguir los recursos para sobrevivir en
    medio de una profunda escasez, similar a la que se vivió en la época del
    Periodo Especial, en los años 90.

    Así lo cree Mario, un hombre sesentón que en otros tiempos se desempeñó
    como militar y encargado de uno de los talleres de las Fuerzas Armadas
    Revolucionarias (FAR) en la capital cubana. Según su criterio, “nadie
    quiere pertenecer a los CDR porque, primero, no quieren ser vistos como
    chivatones (espías) y, segundo, porque hay que emplear el tiempo para
    buscar unos pesos para poder vivir”.

    La explicación del militar retirado es más realista y profunda: “Es que
    si en casa no hay para comer bien, y solo encuentras arroz y frijoles,
    llega el momento en que tienes que hacer algún ‘invento’ en la calle,
    donde sea, y como sea, para poder tener al menos un pedacito de carne
    una vez al mes”.

    A ello atribuye el habanero la realidad que se cierne en torno a los
    CDR, que se encuentran desmantelados o en algunos casos funcionando a
    medias por la falta de vecinos que estarían dispuestos a formar parte
    del cuerpo vigilante porque –asegura– “con hambre y necesidades nadie
    puede estar pensando en perder el tiempo en esas cosas”.

    Otro factor

    A la realidad económica de la nación insular, que es el más serio
    agravante para la existencia de las 136.000 agrupaciones CDR que
    reportan las autoridades cubanas, también se agrega otro factor en el
    que coinciden varias personas, y es el resurgimiento de un “incipiente”
    sector privado.

    En el pasado reciente, el Estado era el único empleador y si el CDR no
    daba “buenas referencias”, una persona no podía lograr una posición
    laboral o, por el contrario, era muy posible que perdiera el trabajo por
    “una mala opinión”.

    Juliana, una emprendedora mujer, que tiene un pequeño puesto de ventas
    en una deteriorada edificación de la céntrica calle Neptuno, en Centro
    Habana, afirma que no se siente obligada a pertenecer al CDR de su
    cuadra, en la municipalidad de La Lisa, porque “sencillamente no me da
    la gana”.

    Aunque la expresión parezca peyorativa, la dinámica de la vida en la
    isla le muestra que “nada ni nadie” puede obligarla a hacer lo que no
    desea. “Yo me gano mi dinerito sin robarle un kilo a nadie, y también le
    pago una tarifa al Gobierno para que no tener problemas”.

    Como ella, muchas otras personas opinan que una “mejor función” cumplen
    actualmente las denominadas “juntas de vecinos” que realizan labores de
    limpieza, poda de árboles o corte de maleza ante la incapacidad de las
    autoridades locales para realizar esas tareas con mayor frecuencia.

    Tiempos de opresión

    Pero Javier, un hombre entrado en los cincuenta años, que siempre ha
    vivido en el Reparto Almendares, estima que los CDR cumplieron un “papel
    criminal” al servicio del G2 o policía política para señalar a todos
    aquellos hombres y mujeres que manifestaran el más mínimo desacuerdo con
    los designios del Gobierno castrista.

    Este hombre, que se gana la vida vendiendo arroz frito y pizzas que
    sirve en trozos de un rústico “papel cartucho”, recuerda que uno de sus
    mejores amigos no fue admitido en la universidad para estudiar por ser
    calificado por el presidente del CDR como “poco combativo” y, además, un
    “frikie”, un joven “desafecto” a la ideología oficialista, porque le
    gustaba la música rock.

    No contento con cercenarle sus deseos académicos, más tarde lo hizo ir a
    parar a la cárcel tras acusarlo de “peligrosidad predelictiva” por el
    corte de cabello y su forma de vestir poco convencional.

    Al abrir lo que él mismo considera una “caja de pandora”, Javier también
    trajo a colación las historias de miles de cubanos que deseaban
    marcharse de la isla “en la época de los rusos cuando la cosa todavía no
    estaba tan mala como ahora”.

    “Eso pasaba aquí en mi barrio y en todas partes en La Habana. Si alguien
    quería marcharse para la ‘yuma’ (Estados Unidos) tenía que hacerlo en
    completo secreto, sin que los CDR lo supieran”, dice Javier, al hacer
    alusión a una de las funciones de ese organismo: “Detectar la
    planificación de grupos de cubanos que quieran emigrar sin autorización”
    y vigilar a quienes recibían el ansiado permiso “para que no sacaran de
    casa sus pertenencias”, muebles, ropas e incluso la vajilla que
    quisieran regalar, luego que los enseres de la vivienda eran
    inventariados por un agente oficial y la propiedad expropiada.

    Además, a los CDR se les ha comparado con grupos de choque que intimidan
    y en otros casos agreden físicamente a las personas “enemigas de la
    revolución”, como quienes optaron por salir del país durante el éxodo de
    Mariel, en 1980, o más recientemente a opositores, como es el caso de
    las Damas de Blanco, mujeres que en forma pacífica exigen el
    restablecimiento de los derechos democráticos en la isla.

    Javier nunca olvida que contra la vivienda del mejor amigo de su padre,
    “un negro santiaguero de seis pies de altura”, los “cederistas” lanzaban
    huevos, al tiempo que le gritaban “consignas revolucionarias” obligando
    al hombre a vivir con las puertas y ventanas cerradas, y a realizar una
    precaria vida social.

    Historia y “funciones”

    Los CDR se fundaron con el argumento castrista de “desempeñar tareas de
    vigilancia colectiva frente a la injerencia externa y los actos de
    desestabilización del sistema político cubano”, pero realmente –como lo
    escribiera el escritor y periodista Carlos Alberto Montaner– “con el
    propósito de husmearlo todo en Cuba”.

    Entre las actividades más importantes de los CDR, está la de ejercer una
    vigilancia desde lo más básico de la sociedad civil como un aporte
    valioso para la policía política cubana y el Departamento Técnico de
    Investigaciones, a quienes les ofrece información detallada de los
    objetivos de vigilancia.

    Cada CDR tiene un presidente, y en la puerta de su casa se puede leer un
    cartel que así lo indica. Es la persona que suministra información sobre
    cada ciudadano que reside en su cuadra.

    Otras acciones de los CDR contemplan el mantenimiento de edificios, la
    limpieza de calles, la separación de los residuos para su reciclaje, la
    activación de mecanismos para el ahorro energético y el patrullaje
    nocturno de vigilancia, entre algunas tareas que hoy poco o nunca realizan.

    “Nada humano les es ajeno: con quién se acuesta la señora del quinto
    [piso], cuándo se baña el calvo del primero, por qué Zutano no fue a
    cortar caña”, dijo también Montaner al referirse a los CDR en los
    “mejores” momentos de una historia que puede estar llegando a un triste
    final.

    Source: Cuba vive el fracaso de los CDR, esos vigilantes comités de
    barrio | Cuba –
    www.diariolasamericas.com/america-latina/cuba-vive-el-fracaso-los-cdr-esos-vigilantes-comites-barrio-n4125712

    Leave a Reply

    Your email address will not be published. Required fields are marked *