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    La mayor prisión del Caribe

    La mayor prisión del Caribe
    MICHAEL D. SUÁREZ *
    27/11/2016 03:26

    Cuando Fidel ordenó enjuiciar al comandante Huber Matos, escenificó uno
    de los primeros procesos infamantes de la historia de la Revolución.
    Matos osó cuestionar el rumbo comunista y dimitió dos veces. El suyo no
    fue un juicio, sino una pantomima. Las peticiones de “paredón” fueron
    tantas por parte de una masa acrítica -a la que tal suerte luego le pasó
    factura- que el ex comandante sintió alivio cuando supo que no habría
    muerte por fusilamiento. Matos fue condenado a 20 años por “traición” y
    cumplió su martirio entre 1959 y 1979.Cientos de colaboradores de la
    dictadura de Batista -muchos sin hechos de sangre probados- no corrieron
    la misma suerte. La cacería humana desatada por el líder de la
    Revolución contra toda traza de vinculación con el régimen anterior -o
    de heterodoxia en relación con el nuevo- echó a andar tan exitosamente
    que, 50 años después, es consustancial con la historia del proceso. El
    70% de los cubanos nació después de la Revolución, ergo la mayoría ha
    aprendido a vivir en silencio sus insatisfacciones y unos pocos, aunque
    cada vez más, lo arriesgan todo, incluso su vida.Median más de 20.000
    presos políticos entre Huber Matos y el Grupo de los 75 -los opositores
    y periodistas independientes condenados a penas de hasta 28 años en la
    ola represiva de 2003-. Éste es el verdadero récord social del
    castrismo, y no unos sistemas de educación y sanidad que se desinflaron
    al finalizar la subvención soviética.Otros nombres históricos dan fe del
    ensañamiento: Pedro Luis Boitel, un líder estudiantil al que dejaron
    morir en la cárcel en 1972; Mario Chanes de Armas, que cumplió 30 años
    de prisión; el hispano-cubano Eloy Gutiérrez Menoyo (22 años) y Jorge
    Luis García Pérez Antúnez (17). Son sólo algunos de los cubanos que
    durante décadas desayunaron entre ratas y celdas de castigo. Chanes de
    Armas estaba en prisión cuando recibió la noticia del nacimiento de su
    único hijo. También sufrió allí la noticia de su muerte.En las décadas
    de 1960 y 1970, la población de prisioneros políticos superó los 10.000,
    según informes independientes. La mediación del presidente
    norteamericano James Carter facilitó, a finales de los 70, la
    excarcelación de unos 3.500. La disminución del número de presos de los
    últimos años se explica por oleadas cíclicas de amnistías, combinadas
    con cuotas de exilio. Felipe González, Manuel Fraga, Juan Pablo II y
    otros líderes mundiales consiguieron arrancar al régimen varios puñados
    de presos en diferentes etapas. La inmensa mayoría debió abandonar ipso
    facto la isla. Los gestos de Castro, junto a los éxodos masivos hacia
    EEUU (Camarioca, 1965; Mariel, 1980; y la Crisis de los Balseros, 1994),
    sirvieron de válvula de escape a un régimen cuya respiración depende de
    apresar o expulsar “el peligro”, como si de CO2 se tratara.La
    promiscuidad legislativa del país ha imposibilitado establecer
    demarcaciones seguras entre delitos de opinión, subversión o uso de la
    fuerza.Al finalizar la era de Fidel Castro, el problema más grave lo
    siguen padeciendo los afectados por la ola represiva de 2003, juzgados
    bajo la llamada Ley Mordaza, que criminaliza el ejercicio del periodismo
    independiente y el activismo político. Reporteros Sin Fronteras (RSF)
    contabilizaba no hace mucho 23 periodistas confinados y estima que Cuba
    es la segunda mayor cárcel para periodistas del mundo, después de China.
    No es fácil competir con el gigante asiático y sus 1.300 millones de
    habitantes; otro éxito en la lista de Fidel Castro.En 1959, Cuba tenía
    14 cárceles y seis millones de habitantes. En 2008, según Elizardo
    Sánchez, presidente de la CCDHRN, las instituciones penitenciarias
    superaban las 200 para 11 millones de cubanos.El sistema carcelario
    favorece el hostigamiento de los reos comunes contra los políticos. La
    experiencia es aterradora. El periodista Raúl Rivero y el economista
    Óscar Espinosa observaron desde sus celdas el inframundo de las
    cárceles, las autoagresiones y el trato de las autoridades. Rivero
    recuerda a uno al que amputaron los brazos, después de una autoagresión.
    Espinosa vio a reclusos que se extrajeron los ojos y que se inyectaron
    petróleo o materia fecal para intoxicarse.Entre comunes y políticos, las
    prisiones guardan a más de 80.000 cubanos -el 80%, negros o mestizos-,
    según cifras conservadoras manejadas por la oposición. Fuera del
    bandidaje, una de las causas que más crece es la “peligrosidad social
    predelictiva”, que permite al Estado encerrar a individuos “proclives a
    cometer delitos”, léase gente que se niega a trabajar para el Gobierno,
    o asidua de una determinada moda o proyección.El traspaso de poderes de
    Fidel a Raúl marcó una etapa de maquillaje estadístico. El número de
    presos políticos no ha crecido dramáticamente en los tres últimos años,
    pero el aparato represivo está intacto: los encarcelamientos masivos han
    sido sustituidos por arrestos breves, palizas o «actos de repudio», y la
    presión social no remite.Fidel ya es historia, pero el castrismo de
    segunda generación prosigue. Quizás con Raúl Castro no acontezcan
    procesos judiciales masivos, aunque sí coletazos. Dicha táctica busca
    dispersar la represión en mil pedazos, tiempos y circunstancias, al
    extremo de que más de un Gobierno democrático occidental ya reconoce
    “avances”.

    * Michel D. Suárez es periodista cubano residente en Madrid.

    Source: La mayor prisión del Caribe | Cuba | EL MUNDO –
    www.elmundo.es/internacional/2016/11/27/5839e379e5fdea9a758b464c.html

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