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    Nueva moda en Cuba – vídeos truculentos grabados con móviles

    Nueva moda en Cuba: vídeos truculentos grabados con móviles
    JORGE ENRIQUE RODRÍGUEZ | La Habana | 30 Abr 2016 – 9:05 am.

    Cuba está experimentando una oleada de vídeos que ponen en duda la
    responsabilidad moral de sus ciudadanos. Lejos de narrar historias de
    vida o mostrar la realidad social del país, evidencian una devaluación
    de principios y valores.

    El discurso oficial que pregona una altura moral de los cubanos y se
    esfuerza por señalar la decadencia de la sociedad capitalista está
    siendo desmentido. El instrumento principal son teléfonos celulares y
    otros dispositivos móviles.

    Registrar lo cotidiano, como ejercicio de la memoria, ha sido siempre
    una actitud saludable que hoy las tecnologías de la comunicación
    facilitan. Pero un asunto distinto es patrocinar y forzar eventos, con
    el único propósito de convertirlos en “divertimentos” dudosos, que
    denigran tanto al sujeto que lo protagoniza como al que lo registra y
    luego difunde.

    Un vídeo de un hombre y una mujer teniendo sexo a plena luz del día en
    el Boulevard de San Rafael, en La Habana, y siendo grabados y animados
    por espectadores, escandalizó a las redes sociales en los últimos días.

    Lamentablemente, no es el único. DIARIO DE CUBA ha podido ver
    grabaciones cuyos protagonistas han recibido dinero para comerse viva
    una rana, una lagartija o despedazar a un gato (también vivo) con los
    dientes. En muchos casos, se trata de ancianos, mendigos o individuos
    con padecimientos mentales.

    Otras grabaciones recogen peleas entre adolescentes o mujeres —los más
    demandados porque con frecuencia terminan en desnudez femenina—, e
    incluso entre ancianos.

    Algunos de esos vídeos pueden encontrarse aún en las redes sociales. No
    publicaremos el resto porque sería contribuir a una acción denigratoria.

    Pero esta es una realidad que se vive en la Isla. Se promueve y circula
    con naturalidad a través de redes como Zapya y ante la permisividad de
    la sociedad, que es una manera de participar en esas prácticas
    cuestionables.

    Lo que alarma no es solo la ocurrencia de estos hechos censurables, sino
    la manifiesta intención de quienes están detrás de los dispositivos que
    registran los sucesos.

    El fenómeno de Zapya no es privativo de Cuba. Datos consultados reflejan
    que aproximadamente 300 millones de usuarios en todo el mundo la
    utilizan. La aplicación permite transferir archivos entre dispositivos
    móviles sin el uso de conexión a internet.

    En el caso cubano, se pueden considerar antecedentes de estos shot
    videos dos grabaciones que cambiaron la vida a dos ciudadanos: Pánfilo
    pidiendo “jama” para el pueblo y el señor al que sorprendieron, en el
    patio de su casa, mientras practicaba la zoofilia con gallinas.

    Aunque existieron otros, estos fueron relevantes por las consecuencias
    que desencadenaron. Pánfilo (Juan Carlos González Marco) fue condenado a
    dos años de cárcel por “desvinculación laboral” y “peligrosidad social
    predelictiva”, aunque el rechazo de la opinión pública internacional
    obligó al régimen a cambiar la pena por reclusión en un hospital
    psiquiátrico. El zoófilo no tuvo tanta suerte: optó por el suicidio.

    ¿De quién es la responsabilidad?

    Resulta increíble y triste admitir que estos dos vídeos, en cuanto a
    contenidos, son casi insignificantes frente a los que actualmente se
    almacenan en ordenadores, laptops, tablets, teléfonos, o se comparten y
    cuelgan lo mismo en YouTube que en Facebook.

    Es indiscutible que la web está plagada de vídeos de esta naturaleza,
    publicados bajo la categoría de “peleas callejeras” a los llamados
    “reality shows caseros”. Ahora bien, ¿este dato debería justificar
    asumir una actitud pasiva porque el fenómeno se ha masificado a nivel
    mundial, en naciones tanto del primer como del tercer mundo?

    En ese caso valdría la pena arriesgar la pregunta correcta: ¿queremos
    nosotros los cubanos, junto a una nación democrática, respetuosa de los
    derechos humanos y las libertades civiles, participar y convivir con
    estos fenómenos?

    Pensar a Cuba libre del régimen y restablecida su sociedad civil,
    también implica, en lo individual, repensar valores y comportamientos
    que nos van a definir como nación libre.

    Ver a nuestros hijos adolescentes implicados, o como observadores, en
    riñas espontáneas o incitadas por otros, debería bastar como alerta.
    Pero lamentablemente el fenómeno alcanza también a los adultos,
    atraviesa todo el tejido social.

    Cualquier suceso es registrado sin el más mínimo escrúpulo o distinción.
    Se incluyen accidentes de tránsito, derrumbes de edificaciones o hechos
    violentos que llegan a mostrar víctimas fatales.

    El Paquete —sistema de distribución de contenido digital en el mercado
    negro—, que brinda un servicio semanal de acceso a un menú variado de
    películas, series, programas de televisión, curiosidades, eventos
    deportivos y archivos de portales digitales, también ha incluido en los
    últimos tiempos este tipo de reality shows caseros.

    “El cliente demanda, nosotros ofertamos”, expresaba un distribuidor del
    Paquete.

    Muchos de estos difusores de contenidos temen incluir entre sus ofertas
    materiales, publicaciones o boletines informativos de medios de prensa
    independientes como DIARIO DE CUBA, Cubanet, 14ymedio o Hablemos Press.
    Sin embargo no tienen objeciones para comercializar estos contenidos que
    son moralmente cuestionables. Es decir, rehúyen “buscarse problemas
    ideológicos y políticos”, pero incurren, en cambio, en una
    irresponsabilidad que dice mucho sobre nuestra salud cívica.

    Ante este fenómeno, donde todos los ciudadanos cubanos representamos un
    papel, el régimen tiene la responsabilidad de haber propiciado vacíos
    legales, que permiten que determinadas actitudes sean asumidas por los
    ciudadanos como “naturales”.

    Pero ello no significa que la solución a esta problemática —donde nadie
    es capaz de imaginar quiénes serán protagonistas del próximo shot video—
    dependa de la voluntad política del régimen. Eso sería un error costoso.

    Ojalá y a través de Zapya comience a circular la canción Toxicity, del
    rapero cubano Bárbaro El Urbano Vargas. El tema encierra un mensaje que
    la sociedad civil cubana debería escuchar: “las armas no se disparan
    solas, nosotros ordenamos al cañón”, dice.

    Source: Nueva moda en Cuba: vídeos truculentos grabados con móviles |
    Diario de Cuba – www.diariodecuba.com/cuba/1462003513_22030.html

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