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    La Juventud Cubana y el Estado

    La Juventud Cubana y el Estado
    Respondiendo a recientes protestas de un grupo de artistas para demandar
    el cese de obstáculos políticos y económicos, el gobierno ha convocado a
    la “movilización de los artistas e intelectuales” en la defensa de la
    política cultural de la Revolución para “difundir las ideas marxistas,
    leninistas y martianas”.
    OPINION | 22 de Diciembre de 2015
    ALEIDA YANES.-
    Especial

    Mientras Cuba se embarca en una odisea de reacomodos en su modelo
    político y económico para poder sobrevivir sin Venezuela, entre los que
    se incluye el acercamiento parcial a los Estados Unidos con el fin de
    recibir beneficios económicos, la juventud cubana se mantiene como su
    más grande reto.

    Una juventud apolítica, desesperanzada, cuyo número decrece con el
    tiempo, al ser erosionada por la migración y por la paulatina reducción
    de nacimientos (por cada 105.8 adultos de más de 60 años, hay 100 niños
    cubanos). A esto se aúna la crisis de profesionales del país con un 10%
    menos de jóvenes cursando estudios post-secundarios desde el 2012.

    Sin embargo, la lealtad política al partido comunista cubano de este
    grupo de la población es la más inmediata preocupación del gobierno.
    Distanciados por edad, no reconocen en las viejas autoridades pasajes de
    la revolución del 59 como hicieron sus abuelos y padres, ni en las
    nuevas una respuesta a sus demandas.

    El gobierno se enfrenta al reto de definir y capturar ‘el espíritu’ de
    la juventud cubana para venderle un proyecto político que la mayoría
    miran con ira o hastío. Con este fin, el partido está impulsando
    talleres nacionales para estudiar sus intereses e identidad.

    El brazo ejecutor de estos estudios descansa en el Centro de Estudios
    sobre la Juventud (CESJ) y La Red Nacional de Investigadores sobre
    Juventud, fundada en 2014. Ellos se dedican a comprender como los
    jóvenes cubanos emplean su tiempo libre, cual es su formación laboral,
    nivel de preparación política, vida social y familiar.

    A falta de suficientes datos públicos, un desglose cualitativo sobre el
    espíritu de la juventud cubana comprendida entre los 15 y 34 años se
    pudiera dividir en 1) los comprometidos con el gobierno; 2) los
    neutrales; 3) los pasivos rebeldes; y 4) los criminalizados.

    La primera categoría comprende a aquellos jóvenes que participan en la
    Unión de Jóvenes Comunista (UJC) afiliada al partido comunista,
    sindicatos y organizaciones de base a través de escuelas, universidades,
    o empleos estatales. Algunos por convicción política y otros por no
    perder la oportunidad de estudiar o trabajar. Esta categoría está
    poblada por el sector de la juventud con mayor nivel educativo y
    habilidades laborales.

    Desde la secundaria hasta la universidad se les obliga a participar como
    acompañantes en asambleas, procesos de auditoria de empresas estatales,
    o producciones agropecuarias. De esta forma, la dualidad política y
    económica se desarrolla al unísono.

    Por un lado, su participación política es usada como vía para
    encauzarlos hacia el campo laboral que tenga más carencia de
    profesionales. Y al mismo tiempo, el empleo o estudio es usado como arma
    de captación política.

    Por ejemplo, en Pinar del Río, organizaciones como la Federación de
    Mujeres Cubanas (FMC) y el jefe de sector de la policía, reclutan por
    cuadras a mujeres jóvenes desocupadas, para entrar al servicio militar
    como primer paso hacia una carrera universitaria.

    Además, en meses recientes, el partido ha alertado sobre la protección
    que se debe extender a futuros profesionales de la salud, ya que podrían
    ser blanco de “campañas difamatorias”. Y para el próximo año se han
    propuesto aumentar la escasa integración de la juventud rural (24% de la
    juventud nacional) a organizaciones políticas, a través de oportunidades
    de empleo estatal en las provincias.

    No obstante, en los últimos años, el número de militantes ha decrecido
    también en esta categoría, ya sea por baja participación de los ya
    inscritos o por la renuencia de algunos a pertenecer a organizaciones
    políticas.

    El gobierno ha respondido a esta disminución con una reforma en la
    educación superior para “reforzar la labor política-ideológica a través
    de las asignaturas marxismo-leninismo e historia de Cuba” a partir del 2015.

    La Fiscalía General es el órgano gubernamental que más intensamente ha
    trabajo con niños y jóvenes en todas las provincias de Cuba en el último
    año. Las reuniones están regidas por la estrategia de comunicación del
    órgano con la población para fortalecer el “trabajo político-
    ideológico”. Lo que se traduce en alertar a éstos sobre sus derechos de
    uso del intranet y responsabilidades laborales y éticas.

    En los neutrales se encuentran los cuentapropistas, usufructuarios y
    campesinos independientes. Aunque no concuerdan con el gobierno, no lo
    enfrentan directamente para no perder aquellos derechos que les permiten
    vivir alejados de la maquinaria diaria del estado.

    El gobierno planea transformar esta relativa lejanía al extender la
    sindicalización de los trabajadores autónomos en áreas como el turismo,
    con especial atención al potencial comportamiento “subversivo” del 31%
    de cuentapropistas jóvenes.

    De igual forma, los usufructuarios y dueños de tierras han sido
    obligados a pertenecer a sindicatos, a nuevas organizaciones de base
    junto a sus familiares, y Cooperativas de Créditos y Servicios; quedando
    políticamente atados al gobierno como virtuales trabajadores estatales.

    Los pasivos rebeldes abarcan a aquellos que se oponen a las
    prohibiciones diarias y limitaciones sistémicas. Es la más apática
    versión de la juventud cubana, la que no colabora; con esporádicos
    arranques de rebeldía en contra de la expansiva incursión del gobierno
    en cada aspecto de la vida diaria.

    Su rebeldía es desorganizada y rápidamente contrarrestada por el
    gobierno. En ocasiones son imputados por temas indirectos como la
    adquisición de computadoras o materiales de construcción.

    Se les da la oportunidad de dar un paso atrás, en dirección a los
    neutrales, a través de la policía de sector u otras organizaciones de
    base quienes les advierten sobre las consecuencias de sus acciones.

    De acuerdo a las asambleas de diciembre del partido, éste mira con
    especial atención a los jóvenes que se han interesado por el periodismo
    en intranet, a los que se acusa de utilizar la estrategia de “un
    discurso menos agresivo” para deslegitimar a las instituciones.

    Por otro lado, respondiendo a recientes protestas de un grupo de
    artistas para demandar el cese de obstáculos políticos y económicos, el
    gobierno ha convocado a la “movilización de los artistas e
    intelectuales” en la defensa de la política cultural de la Revolución
    para “difundir las ideas marxistas, leninistas y martianas”.

    Intelectuales también han sido reclutados este año para entablar un
    “diálogo [sobre historia cubana] con las nuevas generaciones” a través
    de sociedades Martianas. Además, el gobierno utiliza herramientas de
    ocio como la creación de videojuegos nacionales, los Joven Club de
    Computación y gimnasios populares para poder proveer formas de
    entretenimiento estatal.

    Finalmente, los criminalizados no sólo incluyen a criminales comunes,
    sino también a aquellos que han adoptado el coloquial ‘resolver’ como
    forma de vida. Es decir, realizan pequeñas transacciones como revender
    productos no permitidos en Cuba.

    También comprende al creciente número de adictos a drogas y al alcohol,
    y a aquellos que cometen “indisciplinas sociales” como destruir
    propiedad pública, un acto común en Cuba que pretende ser resuelto por
    nuevas comisiones vecinales.

    Para todas estas categorías, el gobierno cubano utiliza un método de
    contención preventivo, detectando patrones negativos en la juventud que
    le permitan hacer correcciones de manera experimental a nivel local. El
    empleo y estudio han sido siempre un buen termómetro para identificar lo
    que el gobierno ha codificado como el “estado de peligrosidad”, es decir
    aquellos jóvenes que no pueden ser controlados institucionalmente.

    Source: La Juventud Cubana y el Estado :: Diario las Americas :: Cuba –
    www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3529389_la-juventud-cubana-y-el-estado.html

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