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    Historias truncas – La misión de inteligencia que Fidel Castro le encomendó a García Márquez

    Historias truncas: La misión de inteligencia que Fidel Castro le
    encomendó a García Márquez
    Posted on 8 octubre, 2014
    Por Edgerton Levy*

    Por estos días el nombre del escritor García Márquez (1927-2014) está
    saliendo con reiterada frecuencia en libros, reportes académicos y
    artículos periodísticos, pero no precisamente por su legado y genialidad
    literaria, sino como misionero y negociador a nombre de Fidel Castro
    ante las altas esferas del gobierno de Estados Unidos.

    Las referencias a la colaboración de García Márquez parten de su
    intervención como mediador en la crisis de los balseros de 1994 y,
    particularmente, en su viaje a Washington en mayo de 1998 con un mensaje
    personal de Castro para el presidente Bill Clinton.

    En realidad, la misión del escritor colombiano ante la Casa Blanca, en
    1998, tenía varios objetivos vinculados a actividades de la inteligencia
    cubana en suelo norteamericano. Y el más importante no era precisamente
    “un siniestro plan terrorista que Cuba acababa de descubrir, y que podía
    afectar no sólo a ambos países sino a muchos otros”, al decir del propio
    García Márquez en la novelada narración de su encomienda, con fecha del
    13 de mayo de 1998.

    La verdadera intención

    Descubrimiento de un siniestro plan que definitivamente nunca tuvo
    lugar, ni fue fruto de las actividades desarrolladas por la Red Avispa
    en el sur de la Florida, como falsamente afirma el periodista brasileño
    Fernando Morais en su libro Los últimos soldados de la guerra fría,
    dedicado a exaltar la labor de los cinco agentes condenados por
    espionaje en Estados Unidos. Baste sólo señalar que estas “actividades
    antiterroristas” que se aluden, nunca fueron un elemento significativo
    para la defensa de los espías durante el juicio contra los integrantes
    de la red.

    La intención de Castro tras el supuesto plan, estaba dirigida a lograr
    que la colaboración en materia de seguridad entre los dos países, creara
    un clima propicio para que se autorizaran de nuevo los viajes de
    norteamericanos a Cuba. No por gusto la reactivación de los vuelos
    comerciales de Estados Unidos a la isla, suspendidos desde que el
    gobierno cubano derribó las avionetas de Hermanos al Rescate, en febrero
    de 1996, fue precisamente uno de los puntos del documento que García
    Márquez debía hacerle llegar al presidente Clinton.

    Vinculado a este objetivo primordial estaba el aspecto verdaderamente
    importante para Castro, mediante la gestión de García Márquez: el
    “reconocimiento por el informe favorable del Pentágono sobre la
    situación militar de Cuba”, según escribió el novelista en su informe
    sobre la misión, en el cual se admitía que Cuba no representaba ningún
    peligro para la seguridad de Estados Unidos.

    De modo que la “aventura pacífica” de García Márquez en Washington por
    encargo de su amigo Fidel Castro estaba convoyada -¿sin saberlo?- con un
    sagaz resultado de la inteligencia cubana en el mismo corazón del
    Pentágono. T’ípica jugada castrista en su estrategia de los usos políticos.

    Una espía prodigiosa

    Con la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 y la desaparición
    del sistema socialista mundial, el gobierno cubano perdió el apoyo
    económico, financiero y militar que hasta entonces había disfrutado por
    servir como heraldo del comunismo entre los países de menor desarrollo
    en la lucha global entre el mundo libre y los regímenes totalitarios,
    durante los años de la Guerra Fría. Esta realidad sirvió de base para
    que en la década del 90 entre algunos sectores honestos del poder y de
    la opinión pública estadounidense se difundiera y ganara terreno la idea
    de que debido a los profundos cambios que tuvieron lugar en el mundo,
    Cuba dejaba de representar un peligro para la seguridad nacional de los
    Estados Unidos.

    La vida misma se ha encargado de demostrar que estas ideas no surgieron
    de forma espontánea, sino que fueron inducidas alevosamente desde La
    Habana por el enemigo histórico del pueblo norteamericano.

    Desde la segunda mitad de la década del 80, Castro venía orquestando y
    dirigiendo con denuedo una ingente gestión de cabildeo a favor del
    levantamiento del embargo y el restablecimiento de relaciones con
    Estados Unidos, a través de sus oficiales de Inteligencia con fachada
    diplomática en Washington y Nueva York. Con el apoyo de Ana Belén Montes
    desde dentro del propio Pentágono, se propuso desarrollar a su favor una
    ofensiva que tuvo lugar a lo largo de la década del 90, dirigida a
    cambiar la imagen del régimen y sobre todo de sus fuerzas armadas, bajo
    la idea central de que la isla ya no representaba amenaza alguna.

    La espía de Castro en el Pentágono no sólo fue un importante agente de
    penetración con acceso a informaciones clasificadas al más alto nivel
    que hizo llegar a Cuba, sino que fue además una activa y eficaz agente
    de influencia a su favor. Siguiendo instrucciones de La Habana, Montes
    jugó un rol de extraordinaria importancia en la difusión de estas falsas
    ideas, las que lograron calar profundamente dentro de los altos mandos
    militares y las instituciones oficiales de Estados Unidos que elaboran
    la política hacia la isla.

    Desdibujar la amenaza cubana

    En su calidad de analista principal sobre Cuba de la Agencia de
    Inteligencia para la Defensa (DIA), Montes tenía la posibilidad de
    establecer relaciones directas e intercambiar opiniones con ejecutivos
    de las instancias encargadas de elaborar política, altos mandos
    militares y analistas de otras agencias de inteligencia en Estados
    Unidos. Entre sus funciones estaba mantener informadas a las oficinas de
    senadores y congresistas, al Departamento de Estado, al Departamento de
    Defensa y al Comando Sur, sobre la capacidad militar de Cuba. Tenía, por
    consiguiente, la posibilidad de contribuir con sus opiniones, informes y
    reportes, a moldear según los intereses del propio Castro, la política
    de Washington hacia su gobierno.

    Tras su arresto en el 2001, más de una voz se alzó para señalar la
    determinante participación de Montes en la elaboración y conclusiones
    del informe sobre “La Amenaza Cubana a la Seguridad Nacional de Estados
    Unidos” (The Cuban Threat to the U.S. National Security) que en 1997 el
    Departamento de Defensa ordenó fuera preparado para presentarlo ante el
    Comité de Inteligencia del Senado. El documento fue encomendado a un
    grupo de trabajo dirigido por la Agencia de Inteligencia para la Defensa
    -en la persona de Montes-, en coordinación con personal de la Agencia
    Central de Inteligencia, el Buró de Investigación e Inteligencia del
    Departamento de Estado, la Agencia de Seguridad Nacional y el Centro de
    Inteligencia Conjunto del Comando Sur.

    Aunque Montes trató por todos los medios de restar importancia al
    peligro que Cuba podría representar para Estados Unidos, el informe no
    pudo evitar que otros participantes se opusieran a las débiles
    conclusiones que ella proponía y en el documento se reconociera que,
    aunque la capacidad militar convencional de Cuba había sufrido un serio
    deterioro producto de la reducción del apoyo ruso, sus “sistemas de
    inteligencia y contrainteligencia dirigidos hacia Estados Unidos
    aparentan haber sufrido poca reducción. Cuba ha compartido inteligencia
    con otros países, incluyendo adversarios de Estados Unidos.” En otra
    sección del documento titulada “Amenaza de Guerra Bacteriológica”, se
    reconoce que “las actuales instalaciones científicas de Cuba podrían
    apoyar un programa de guerra biológica ofensiva al menos en el nivel de
    investigación y desarrollo. La industria biotecnológica de Cuba es una
    de las más avanzadas en los países emergentes y podría ser capaz de
    producir agentes de guerra bacteriológica”.

    Mensaje confidencial

    Aun así, William S. Cohen, entonces Secretario de Defensa, envió el
    reporte de vuelta a la DIA antes de elevarlo al Senado, expresando su
    preocupación en cuanto a que sus evaluaciones eran demasiado suaves. El
    reporte regresó a sus manos sin cambios esenciales, por lo que hubo de
    acompañarlo con una carta dirigida a Strom Thurmond, presidente del
    Comité de Servicios Armados del Senado, manifestándole sus inquietudes
    al respecto.

    En medio de este intrincado proceso, Castro trató de sacar el mayor
    provecho político a las aseveraciones con que se había logrado influir
    a los principales estamentos que elaboran la política exterior de
    Estados Unidos a través de su espía estrella en el Pentágono. Aprovechó
    el canal extraoficial de comunicación que había establecido con el
    presidente Bill Clinton utilizando a su amigo personal, Premio Nobel de
    Literatura por más señas. García Márquez se había reunido con el
    presidente estadounidense, admirador de sus novelas, tras la crisis de
    los balseros de 1994 y en septiembre de 1997, ocasiones en las que se
    había abordado el tema de Cuba.

    En esta oportunidad, Castro le pidió sirviera de emisario para que le
    entregara personalmente a Clinton un mensaje confidencial de seis
    cuartillas redactado por el propio Castro, en el que entre otras cosas
    le hacía llegar su reconocimiento por el informe favorable del Pentágono
    sobre la situación militar de Cuba, descartando la peligrosidad de la
    isla para su vecino. García Márquez no fue recibido esta vez por el
    presidente, pero fue autorizado por Castro a entregar el mensaje a
    Thomas McLarty, el 6 de mayo de 1998 en la Casa Blanca, convencido de
    que lo haría llegar al presidente. Aunque McLarty acababa de renunciar a
    su cargo de consejero presidencial para América Latina, continuaba
    siendo su más antiguo y cercano amigo. En la audiencia, estuvieron
    presentes además tres altos funcionarios del Consejo de Seguridad
    Nacional, entre ellos Jeffrey DeLaurentis, actual jefe de la Sección de
    Intereses de EEUU en La Habana.

    Pero lo verdaderamente increíble de esta historia es que, ante las
    preocupaciones y dudas expresadas por el Secretario de Defensa
    estadounidense sobre la persistente amenaza del gobierno cubano para la
    seguridad nacional, el propio Castro, refiriéndose al informe del
    Pentágono, salió en defensa de los suaves y diluyentes criterios
    expresados por la espía Ana Belén Montes, quien estaba en pleno servicio
    de la inteligencia cubana.

    La burla y el fiasco

    Conviene rescatar, a la luz de los acontecimientos, lo que expresó
    entonces Castro, el 22 de junio de 2001, apenas tres meses antes del
    arresto de Montes: “El Pentágono analizó la cuestión, se le solicitó el
    análisis e hizo un informe bastante objetivo. Inmediatamente se produce
    una reacción: se retiene el informe, se intenta cambiar el informe del
    Pentágono por razones estrictamente políticas; hubo escándalo. Ya
    estaban acusando al Pentágono de mentir en relación con Cuba, que estaba
    ocultando la realidad, al extremo que se tardó varias semanas, hasta que
    publicaron el escándalo; yo no sé muy bien si hubo alguna modificación o
    no, pero sí leímos lo publicado sobre la introducción al mismo,
    interpretando, distorsionando, sembrando confusión. Es decir, por
    razones políticas, se trató de menoscabar y restar objetividad al informe”.

    Imagino que en su fuero interno Castro debió disfrutar con
    extraordinario placer este momento, burlándose con cinismo y desfachatez
    del propio presidente estadounidense, cuando de su puño y letra le envió
    a Clinton su reconocimiento por el informe favorable del Pentágono con
    las pautas dictadas desde La Habana.

    Gracias a los extensos y maquiavélicos tentáculos desarrollados para
    para penetrar las entrañas de Estados Unidos, Castro ha dado durante
    largos años una atención priorizada -dirigida directamente por él- a
    los peones controlados y manejados por intermedio de la Dirección de
    Inteligencia. Y Ana Belén Montes no fue una excepción.

    Pero el mensaje de mano de García Márquez tenía otra cola: pavimentar el
    viaje a La Habana de una delegación del FBI para sostener contactos con
    las autoridades cubanas. Finalmente, los funcionarios del FBI viajaron
    a Cuba el 15 de junio de 1998 y recibieron amplia documentación sobre
    las “actividades terroristas” y los exiliados de Miami que monitoreaban
    los espías de la Red Avispa. Aunque en un discurso de mayo del 2005
    Castro afirmó que en los reportes entregados al FBI “no había ningún
    elemento para identificar las fuentes” con “informaciones serias y
    fidedignas”, lamentó que tres meses después de la visita de la
    delegación estadounidense quienes resultaron detenidos fueran “los
    compañeros que habían suministrado la información”.

    Lo cierto es que cuando se produce la visita de los funcionarios
    estadounidenses a La Habana, ya hacía largo rato que el FBI conocía y
    venía siguiendo los movimientos de la Red Avispa en Estados Unidos. De
    manera que buena parte de la información proporcionada por la
    inteligencia cubana había sido ya extraída de las computadoras y los
    mensajes de los agentes de Castro en Miami. Y tal vez eso explique la
    obsesión de Castro por la “causa de los Cinco” y por buscar una salida
    airosa para una maniobra que calculó con la astucia de un viejo zorro,
    pero que desembocó en un fiasco colosal.

    *Edgerton Ivor Levy fue una pieza clave para el desmantelamiento de la
    Red Avispa, la mayor organización de espionaje cubano en la historia de
    EEUU. Siendo profesor de la Universidad de La Habana fue captado y
    entrenado desde 1991 por la Dirección de Inteligencia cubana para
    cumplir acciones de espionaje en el sur de la Florida, pero su misión en
    territorio estadounidense fue informar al FBI. Nadie me lo contó, libro
    testimonial sobre esos dramáticos acontecimientos de su vida, está en
    proceso de publicarse.

    Source: Historias truncas: La misión de inteligencia que Fidel Castro le
    encomendó a García Márquez | Café Fuerte –
    http://cafefuerte.com/cuba/18509-la-mision-de-inteligencia-que-fidel-castro-le-encomendo-a-garcia-marquez/

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