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    Secuestradores, castigo de los campos de Cuba

    Secuestradores, castigo de los campos de Cuba
    Las cifras de rescate oscilan entre los 10 mil y 20 mil pesos cubanos,
    en dependencia de la región del país y la solvencia económica de los
    propietarios.
    Luis Felipe Rojas
    agosto 15, 2013

    Los campesinos cubanos viven un mal momento. Les quitan la tierra, se la
    devuelven infértil bajo el control estatal, pierden las cosechas por los
    huracanes y se les dificulta vender lo que producen. Por si fuera poco,
    los secuestradores les roban las bestias de cría y monta y les exigen
    rescates que no pueden pagar.

    Estos bandidos hacen realidad el poema épico Espejo de paciencia (1608),
    donde el pirata Gilberto Girón secuestró al obispo Juan de las Cabezas y
    Altamirano para pedir una recompensa a los pobladores de Yara. La
    diferencia estriba en que los vecinos de ahora no se unen contra estos
    bandidos, ni juntan el dinero para el rescate; a ellos la policía no los
    respalda y de alguna manera estas víctimas vuelven a manos de los
    plagiarios.

    Caballos y vacas… motocicletas y carros
    Gabriel Pupo Rivero es un vecino del Poblado “Maceo”, en la provincia
    Holguín, con mucha paciencia acariciaba la idea de vender o exhibir dos
    hermosos caballos de carrera, hasta que los secuestradores de su
    vecindario le robaron las bestias y le pidieron 22 mil pesos en moneda
    nacional, por mediación de un mensajero o “pala”.

    La historia la trae Yoandris Montoya Avilés, residente en Bayamo, quien
    dio apoyo a Pupo Rivero sobre los trámites a seguir y agrega: “a otro
    vecino de él (Rivero) le robaron una yunta de bueyes y la perdió porque
    no tiene la economía para pagar el rescate, y se la comieron, le
    comieron los bueyes”.

    “Los campesinos no van a la policía porque los militares se aparecen a
    los cinco días de haber hecho la denuncia y es lógico, no encuentran los
    animales, no encuentran a nadie. Para ellos es mejor pagar, (así
    recuperan lo suyo) que tener que ir a esta institución del gobierno, que
    no hace nada por esto”, afirma.

    Quienes denuncian el robo de un animal corren el riesgo de que las
    autoridades los multen por sospechas de que han sacrificado las bestias
    para el consumo de carne o negocios ilícitos.

    Montoya asegura que los robos y pedidos de rescate se han trasladado a
    las ciudades “te diré que no se trata solo de caballos y vacas. También
    se ha dado el caso de carros y motos. Aquí en mi barrio secuestraron una
    moto, se la robaron de dentro de la casa y dos individuos se presentaron
    en vivienda del perjudicado y le dijeron que si les daba 10 mil pesos
    cubanos (casi 500 dólares) se la devolvían. Eso ocurre con campesinos en
    el poblado de Santa María y los municipios de Guisa y Cauto Cristo.
    Ellos exigen la recompensa según el valor del animal. Y no pasa nada con
    la policía ni sale en la televisión, en Cuba de eso no se sabe nada”,
    concluyó.

    Lo que sabe la policía

    “Eso ha sucedido hace tiempo y sigue sucediendo. Incluso a las granjas
    del estado les roban y les exigen recompensa por la devolución. Les
    roban en la vaquería a los guardias y después les piden una suma
    considerable”, agrega Julio Columbié Batista del poblado conocido como
    Batey Grúa Nueva.

    “Aquí están haciendo como el grupo de las FARC en Colombia, que
    secuestran y piden beneficios para devolver a las personas, pero aquí lo
    hacen con los animales”, explica Columbié Batista.

    Las cifras de rescate oscilan entre los 10 mil y 20 mil pesos cubanos,
    en dependencia de la región del país y la solvencia económica de los
    propietarios. Las bandas operan en grupos de pocos integrantes y con
    regularidad son identificados por sus vecinos.

    “La historia más reciente es la de Alexander, un muchacho que vive cerca
    de mi casa, que en varias ocasiones le habían robado las bestias, ahora
    le robaron un caballo con un carretón y como no dio la cifra tan alta
    que le pedían pues se desapareció todo y no pasó nada”, aseguró.

    Julio Columbié insiste en que la gente conoce a los malhechores “son
    personas de alto índice de peligrosidad, delincuentes comunes, pero la
    mayoría de ellos sirven de informantes a la policía, trabajan en
    colaboración con la policía, es decir, trabajan
    (roban) autorizados”, concluye.

    Source: “Secuestradores, castigo de los campos de Cuba” –
    http://www.martinoticias.com/content/article/26431.html

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