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    El tsunami por llegar: Crónica de un testigo

    El tsunami por llegar: Crónica de un testigo
    Monday, September 5, 2011 | Por Juan Carlos Linares Balmaseda

    LA HABANA, Cuba, septiembre, www.cubanet.org –El mediodía del viernes 26
    de agosto iba yo de regreso a mi casa, pero decidí bajarme del ómnibus
    al ver una gran aglomeración de personas en la entrada del Mercado de
    Cuatro Caminos, en la calle Monte.

    En el centro del gentío estaban Rosario Morales de la Rosa e Ivón
    Mallesa Galano, que protagonizaban una manifestación pública. Tocaban
    cazuelas e interactuaban con la multitud que las rodeaba, brindándoles
    su apoyo, conformada mayormente por mujeres, algo que ponía más
    nerviosos a los gendarmes de la Policía Nacional Revolucionaria, que
    solamente observaban porque al parecer les habían ordenado no intervenir.

    No hubo gritos de Abajo Fidel, ni Raúl. Creo que la consigna más
    explícitamente política y antigubernamental que escuché fue la de ¡Vivan
    los derechos humanos! Ellas gritaban ¡Abajo la ley de peligrosidad!
    ¡Abajo el hambre!… y el gentío respondía, ¡Abajo!

    El tráfico se paralizó. Los ómnibus que no podían desviarse por las
    estrechas calles Matadero o Manglar, debido a su tamaño, rodaban
    lentamente por dentro del tumulto humano, y desde interior de los mismos
    los pasajeros miraban nerviosos y expectantes.

    No vi por ningún lugar a ese "pueblo indignado" contra las manifestantes
    de que habla el gobierno al referirse a las gubernamentales Brigadas de
    Respuesta Rápida, ni escuché a nadie en la multitud gritar una
    espontánea loa al castrismo, sino gente con ganas de desahogar sus
    frustraciones.

    Unos -temerosos aún- se expresaban balbuceando, pero otros lo hacían en
    voz alta. Cerca de mí, una señora, desconfiada, dijo bajito: "No parecen
    tener mucha hambre, están bien vestidas", a lo que otro le respondió:
    "No se fije en eso señora, lo importante es lo que están diciendo". La
    señora se sintió más segura al ver la complicidad de sus vecinos y se
    atrevió a expresar su apoyo a las manifestantes.

    Otro casi gritaba, mientras hablaba de la carestía de alimentos y los
    altos precios que había pagado por un poco de sazones minutos antes en
    el mercado.

    "Esas mujeres tienen timbales, si fueran hombres ya les hubiesen
    descargado una brigada de Tropas Especiales y les hubieran pateado hasta
    la cabeza", dijo otro espectador.

    Los agentes de la policía política demoraban en llegar. No creo que se
    hubieran distraído de su sagrada función de estar siempre alertas para
    reprimir; probablemente lo sorpresivo de la manifestación les impidió
    reaccionar con la rapidez acostumbrada. A medida que llegaban al lugar
    comenzaron a mezclarse dentro del gentío.

    El caldeado ambiente se puso tensamente opositor. Las manifestantes
    permanecieron estáticas en el mismo lugar, golpeando sus cazuelas y
    gritando sus consignas, algo que posiblemente fue un error. Quién sabe,
    si hubiesen comenzado a marchar por el lugar hubieran arrastrado a la
    multitud tras ellas y entonces otro gallo hubiera cantado.

    La violencia comenzó en cuanto los agentes de la policía política
    agarraron por la fuerza a las dos mujeres y comenzaron casi a
    arrastrarlas. La gente les cayó detrás y más de un agente tuvo que
    defenderse, tirando golpes a mujeres y a hombres que les pisaban los
    talones, mientras les gritaban desafiantemente: ¡Abusadores! ¡Ellas
    tienen razón!, y algunas frases obscenas.

    Dos cuadras más allá, en la calle Cristina y Monte, metieron a Rosario e
    Ivón en un local, que oficialmente llaman Sector de la PNR, donde las
    tuvieron detenidas durante unas dos horas y las golpearon. Obviamente,
    los agentes, cautelosos, no las habían golpeado en la calle para no
    exacerbar la ira del pueblo que se solidarizaba con ellas; esperaron a
    que no hubiera testigos. La gente continuó aglomerada en la puerta del
    Sector de la PNR. Los pro-castristas en la multitud podían contarse con
    una mano y solo se escuchó un Viva Fidel y Raúl por parte suya. No se
    atrevieron a más.

    Gracias a internet, con la excepción de la mayoría de los cubanos de la
    isla, el mundo se enteró inmediatamente de lo que había pasado. Lo que
    presencié el 26 de agosto me confirmó dos hipótesis: una, que bastan dos
    valientes activistas para desencadenar el cambio de régimen, y dos, que
    cuando estalle el tsunami de cubanos, que en cualquier momento puede
    llegar, no habrá quien lo contenga.

    http://www.cubanet.org/articulos/el-tsunami-por-llegar-cronica-de-un-testigo/

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