Dangerousness
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    Déjenme vivir!

    ¡Déjenme vivir!

    Frank Correa

    LA HABANA, Cuba, diciembre (www.cubanet.org) – Cada vez que en Cuba se
    activa el dispositivo policial para aplicar alguna de las operaciones
    cíclicas contra delitos políticos y comunes, el nombre de Antonio Medina
    Castañeda (Tony), aparece en las listas.

    En su juventud, Tony fue una leyenda en Jaimanitas. Cometió un delito y
    fue a parar a la cárcel. Más tarde volvió a la prisión, ahora por causas
    políticas. Al salir su matrimonio se fue a pique. Su hija no.

    Tony integró las filas de la oposición pacífica que lucha por devolver
    la democracia a la isla y realizó durante años un encomiable trabajo de
    ayuda a los presos políticos abasteciéndolos de alimentos. De un tiempo
    a la fecha a Tony solo le preocupa la educación de su pequeña, que ya
    cumplió 12 años. Le aterra la idea de que su destino sea la prostitución.

    Tony se ha apartó del mundanal ruido para luchar por ella y trabaja en
    su casa remendando zapatos de la mañana a la noche.

    Aunque como él mismo se pinta, está más tranquilo que una foto. Con la
    reciente ofensiva policial post-ciclones, el jefe de sector de la
    Policía lo llamó nuevamente a su oficina. Le ordenó que buscara un
    trabajo con el estado o pagara una licencia de zapatero por cuenta
    propia; de lo contrario le aplicaría la ley de peligrosidad pre-delictiva.

    Tony le dijo al policía que es el Estado quien tiene que pagarle a él y
    no a la inversa. Que tiene una hija que criar y es padre y madre a la
    vez, pues la pequeña quedó huérfana. Que se ha partido el lomo
    trabajando estos años para que a su hija no le falte nada, y sin
    embargo, siempre le faltan muchas cosas.

    El jefe se mostró intransigente. Le recordó sus viejas rencillas con la
    justicia. Le dijo que si no presentaba la licencia de trabajador por
    cuenta propia antes de enero, le confiscaría los pegamentos y las
    herramientas de zapatería.

    -Yo solamente quiero criar a mi hija –dijo Tony -, no le hago daño a
    nadie, ya tengo 50 años y mi casa se me está cayendo encima. No puedo
    arreglarla porque me cuesta mucho. No deseo nada para mí, todo lo que
    hago es por la niña. No quiero que cuando sea mayor se descarrile por
    las necesidades y termine jineteando (prostituyéndose) en la Quinta
    Avenida. Para eso trabajo como un mulo. Si voy preso, ¿qué será de esa niña?

    Tony juntó sus manos, sin las fuerzas y el arrojo que años atrás lo
    hacían un tipo duro, y le dijo al oficial:

    -¡Por favor, déjenme vivir!

    http://www.cubanet.org/CNews/y08/dic08/16_C_5.html

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