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    En Cuba se ratifica, no se elige

    Diario Las Americas
    Publicado el 02-05-2008

    En Cuba se ratifica, no se elige

    Por Ernesto F. Betancourt

    En semanas recientes hubo en Cuba un proceso que llamaron elecciones. En
    realidad lo que hubo fue la ratificación de los que habían sido elegidos
    por Fidel y, tal vez, Raúl: 614 candidatos a 614 escaños de diputados de
    la llamada Asamblea Nacional del Poder Popular. El descaro de los
    beneficiarios de este proceso no tiene límite. El Presidente de la
    actual Asamblea, Ricardo Alarcón, hizo crítica de lo que hubiera sido un
    verdadero proceso electoral. En Cuba, el pueblo no puede escoger a los
    candidatos. Ese es un poder reservado para la jerarquía del Partido.

    Temerosos de que la gente, ansiosa de cambio, hiciera lo mismo que en
    Polonia a fines del régimen militar, en que el pueblo polaco eligió a
    los candidatos presentados por Solidarity, y no a los del Partido
    Comunista polaco, por una omisión del proceso, a Fidel se le ocurrió la
    argucia del voto único, o sea, que los llamados electores votaran por la
    lista completa de candidatos. Así, se aseguraban que los votantes no
    discriminaran contra candidatos como él, quien está más muerto que vivo.
    Aún así, hubo gente que demostró su desacuerdo con su candidatura por lo
    que Raúl quedó número uno en votación, mientras Fidel cayó al número 19.
    Reflejando las pugnas internas dentro de la nomenclatura cubana, o tal
    vez, el pique del hermanito Raúl, Granma hizo pública esta distinción.

    Además, los candidatos no pueden hacer campaña. Dicen que de esa manera,
    se evita caer en la mercantilización del poder como en los países
    llamados democráticos. Por tanto, los miembros de la Asamblea son
    escogidos por la elite que hacen la selección de acuerdo con criterios
    generacionales, raciales o de grupúsculos dentro del régimen. Lo único
    que hace el pueblo es ratificar, en esas llamadas elecciones, la
    selección hecha. Este proceso, no puede llamarse electoral.

    Comparémoslo con el proceso de primarias para la escogencia de los
    candidatos a la presidencia de los Estados Unidos. Los ciudadanos
    deciden a quién debe presentar cada partido a la aprobación del
    electorado. Los temas que interesan al electorado van cambiando y los
    candidatos tienen que ganar la aprobación del electorado explicando su
    posición en cuanto a cada tema. Eso resulta en una democracia vibrante
    que responde a la cambiante opinión pública sobre las propuestas de cada
    candidato a encarar los temas que van surgiendo durante el debate.

    Ese es el cambio que ansía el pueblo cubano y que las autoridades que
    emanan del actual proceso electoral del país no pueden representar. Raúl
    puede convocar a todas las reuniones que quiera sobre los cambios que
    desea el pueblo. Mientras no se cambie el proceso electoral y el pueblo
    pueda hacer la escogencia de sus gobernantes continuará la actual
    dictadura. La modalidad puede ser más o menos velada. Pero sin una libre
    escogencia de las autoridades a resultas de un proceso electoral
    competitivo y no coactivo, como el actual, no habrán los cambios que
    desea el pueblo cubano.

    Hace falta liberar las leyes y dotar al poder judicial de independencia,
    poniendo en libertad a los presos políticos. Hay que abolir el delito de
    peligrosidad. Hay que poner fin a la represión. Hace falta introducir la
    libertad de expresión y acabar con el monopolio de medios de
    comunicación. Hacen falta partidos múltiples que compitan por el poder
    político gozando del apoyo mayoritario de la población a sus políticas.

    Hay que darle la tierra a quien la trabaja. Hay que introducir la
    libertad de contratación laboral y comercial. Hay que restaurar el
    respeto al principio de propiedad privada en las viviendas y en las
    empresas. Hay que unificar las monedas y darle un valor consistente con
    la disponibilidad de bienes de consumo. Los salarios deben ser
    equitativos y compensar por lo que produce el ciudadano y lo que
    necesita para atender las necesidades de su familia. Debe eliminarse
    progresivamente la tarjeta de racionamiento.

    Tiene que haber justicia ante todas las arbitrariedades que ha cometido
    este régimen. No puede prevalecer un sistema de venganza y revancha,
    pero sí de justicia. Hay que ofrecerle garantías a la mayoría de
    miembros del régimen que no han cometido abuso alguno.

    Como puede apreciarse, el futuro de Cuba no será fácil de alcanzar, pero
    no es imposible. Ante ofertas de cambio, como las de Raúl, que sólo son
    una tomadura de pelo, puede producirse una explosión social. De ser así,
    no habrá un tránsito pacífico. Correrán ríos de sangre.

    http://www.diariolasamericas.com/print.php?nid=45801&origen=1

    http://www.diariolasamericas.com/news.php?nid=45801

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