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    Los libros buscan biblioteca en Cuba

    Míriam Márquez – La Habana – 14.3.2007
    Reportaje
    Los libros buscan biblioteca en Cuba

    Mientras Fidel Castro asegura que ahora dispone "de más tiempo para
    estudiar", los cubanos tienen dificultades para acceder a libros de
    aegún qué autores.

    "En la Feria de la Habana de 1998, Fidel Castro declaró sin pudor a la
    prensa que en Cuba no había censura y que la única razón de que en las
    bibliotecas y librerías de la isla faltaran ejemplares insustituibles de
    la cultura cubana y universal era la falta de fondos", explica la
    economista cubana Berta del Carmen Mexidor, inspiradora del proyecto de
    las bibliotecas independientes de Cuba. Esta fue "la gota que colmó el
    vaso" de un grupo de activistas cubanos que decidieron ponerse manos a
    la obra para que la libertad invocada por el Comandante se hiciera
    realidad en el país.

    Bibliotecas abiertas en alojamientos privados

    Bajo la dirección del matrimonio formado por Berta y Román Humberto
    Castillo, más de cien bibliotecas independientes han surgido en estos
    nueves años en las principales ciudades cubanas. Desde La Habana a
    Cienfuegos, allí donde existe un voluntario dispuesto a prestar parte de
    su casa para albergar los libros cedidos por particulares o por
    fundaciones privadas y con la formación suficiente para orientar a los
    futuros usuarios, florece uno de estos centros "anticensura" donde la
    literatura se combina con la ciencia y el entretenimiento. El mínimo de
    ejemplares para empezar a funcionar es de 250. El mecanismo es el mismo
    que el de cualquier biblioteca europea: quince días de préstamo
    prorrogables previo aviso.

    Martí, el Che, Hemingway y poco más

    Las bibliotecas han servido para que muchos cubanos puedan acceder a
    libros casi imposibles de encontrar en este país de régimen comunista.
    "No se trata sólo de la censura", cuenta Gerardo Infante, uno de
    libreros de la Plaza de Armas de la Habana. "Los libros en Cuba son
    caros hasta para el turista que paga con pesos convertibles (CUC: 1CUC =
    1.08 dólares norteamericanos), porque las ediciones son escasas; y las
    tiradas, limitadas", explica. La mayoría de las librerías de la capital
    ofrecen su mercancía sólo en la divisa internacional (CUC), lo que
    convierte a los libros en objetos de lujo para unos ciudadanos que se
    esfuerzan cada día por hacerse con escurridizos bienes de primera
    necesidad, como jabón o calzado. Un libro de segunda mano puede costar
    en Cuba hasta seis euros, el mismo precio que se paga en Europa por uno
    completamente nuevo. El dinero tampoco asegura una gran oferta al
    comprador. Si no se está interesado en la trayectoria del libertador
    Martí, el heroico Ernesto "Che" Guevara o el genial Hemingway, las
    alternativas se limitan bastante.

    Las bibliotecas ofrecen una escapatoria. Un oasis dentro de la censura
    por el que hay que pagar un precio. Frecuentar estas bibliotecas para
    disfrutar, por ejemplo, de una novela del prohibidísimo Guillermo
    Cabrera Infante, es considerado un acto contrarrevolucionario y un
    delito de peligrosidad social. La situación no ha mejorado con los
    reconocimientos internacionales obtenidos por la organización de las
    bibliotecas independientes (el Premio Democracia del Partido Liberal
    sueco y el galardón The Voice de la asociación estadounidense People for
    the American Way). A menudo, los usuarios de las bibliotecas son
    filmados y amedrentados por la policía que les amenaza con ir a prisión
    si siguen frecuentando el centro, según informan miembros de la propia
    asociación.

    Oscurantismo y miedo

    Lo peor es el ostracismo social al que el deseo de saber puede conducir
    en la comunidad. Muchos ciudadanos cubanos de todos los estratos
    sociales han hecho suyo el argumento esgrimido por las autoridades. "No
    ofrecen libros, sino propaganda. Son un simple eco de los enemigos de
    Cuba", explica Fernando, un guía que trabaja en La Habana y que prefiere
    no decir su nombre completo a un periodista extranjero. Este miedo se ha
    agudizado en los últimos meses debido al estado de salud de Fidel
    Castro. La incertidumbre ha provocado una atmósfera de vigilancia y
    prudencia de unos ciudadanos que asisten a uno de los momentos
    históricos decisivos para su destino político sin apenas canales de
    información verificable. Mientras en los principales periódicos
    internacionales se barajan las posibles opciones para el futuro de Cuba,
    el Granma, el periódico oficial, titula alegremente a cinco columnas
    "Bush isolated" (Bush aislado) y calla sobre una transición política
    convertida en secreto nacional.

    Premios y castigos

    Este clima afecta al desarrollo de las bibliotecas independientes, que
    pretenden servir de canal fiable de información sobre el contexto
    político internacional. Los actos de repudio se han sucedido en los
    últimos meses. No son sólo protestas públicas frente a las puertas de
    estos centros culturales, sino también todo un engranaje de presión
    social contra los integrantes de la asociación que las alienta. "En el
    régimen comunista funciona muy bien el mecanismo de premios y castigos
    sociales", explica un maestro amparado en el anonimato. "Quienes
    protestan públicamente contra las bibliotecas independientes o el
    embargo viven mas tranquilos y no se les molesta", explica.

    http://www.cafebabel.com/es/article.asp?T=A&Id=2404

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