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    Zapatero y las victimas de Fidel Castro

    Zapatero y las víctimas de Fidel Castro
    Por Matías Jove

    Muy pocos confiaban en que la ofensiva diplomática de Zapatero, con el
    objetivo de abrir canales de diálogo con el Gobierno de Fidel Castro,
    llegara a buen puerto. Y es que un vistazo al extenso currículum del
    Comandante dejaba poco espacio para la esperanza.

    Después de 46 años de dictadura castrista, están documentados más de
    8.000 casos de fusilamientos, asesinatos extrajudiciales, muertes en
    prisión y “desaparecidos” políticos. Cerca de 10.000 cadáveres de
    cubanos que trataban de huir de la Isla descansan en el fondo del
    Estrecho de la Florida. Más de 300 presos de conciencia se consumen en
    las cárceles del país, y no se atisba gesto alguno de arrepentimiento o
    apertura en el régimen comunista.

    Ciertamente, si nos limitáramos a observar la conducta del dictador no
    habría muchas razones para esperar una mejora en materia de Derechos
    Humanos. Sin embargo, sí había razones para confiar en que la sociedad
    civil cubana pudiera encontrar un camino hacia la libertad.

    Durante los últimos años Cuba había sido escenario de un verdadero
    esplendor de la sociedad civil, que, a pesar de la feroz represión,
    estaba dando signos de estar creando un sustrato –más numeroso y fuerte
    que el que había en muchos países de Europa del Este– sobre el que
    sustentar un cambio pacífico e inesperado, protagonizado por los propios
    cubanos. Castro lo sabía, y tenía que apagar el fuego antes de que fuera
    demasiado tarde.

    Por eso, repentinamente, de un zarpazo decidió encarcelar a la mayor
    parte de los líderes de ese movimiento. Sin embargo, la oleada represiva
    no pasó inadvertida. Esos demócratas recibieron un apoyo y un
    reconocimiento internacional sin precedentes, lo que les proporcionó una
    visibilidad que, en cierta medida, les protegía –no se produjeron más
    encarcelamientos–, les dignificaba y, sobre todo, les proporcionaba una
    dosis continua de apoyo moral.

    Castro se equivocó. Lo sabía. Y encontró en el entrante Gobierno de
    Zapatero un perfecto aliado para acabar con ese apoyo, que tanto daño
    estaba produciendo a su régimen.

    Zapatero podía haber escuchado a sus compañeros de partido que,
    conociendo lo que supone el apoyo internacional cuando una formación
    está abocada a la clandestinidad, defendían (en privado) continuar con
    una política de apoyo a los demócratas cubanos. Socialistas,
    monárquicos, liberales y democristianos han sostenido que, sin ese apoyo
    internacional, la transición española, probablemente, se hubiera retrasado.

    El presidente prefirió apostar por lo más difícil. Su confianza en el
    diálogo, y en sí mismo, le llevó a pensar que convencería al longevo
    dictador caribeño. Como siempre, pagaron las víctimas. Y es que la
    coherencia del presidente del Gobierno en este sentido es impecable. Si
    en la política nacional el acercamiento del Gobierno al entorno de ETA
    ha acarreado un abandono de las víctimas, en la política hacia Cuba han
    sido los disidentes los grandes perjudicados. Negociar con Castro
    implicaba renunciar a apoyar a los demócratas. Zapatero aceptó el
    chantaje y, a través de un simbólico discurso del embajador de España en
    La Habana, traicionó a los demócratas.

    Moratinos y Zapatero.¿Qué resultados se han logrado con este
    acercamiento de Zapatero al régimen de Fidel Castro?

    Casi dos años después, los avances esperados por Zapatero no son sino
    bombas de humo lanzadas desde la Isla; bombas que han engañado sólo a
    Moratinos: unas excarcelaciones que, como advirtió el canciller Pérez
    Roque en España, son temporales y revocables en cualquier momento. Ahí
    están para demostrarlo las visitas que han recibido disidentes como
    Óscar Espinosa Chepe o Jorge Olivera Castillo.

    Los informes sobre la situación de los Derechos Humanos en la Isla son
    meridianamente claros. Desde que el Gobierno español impulsara el cambio
    de política con el régimen de Fidel Castro, el número de presos de
    conciencia ha aumentado. Mientras con una mano Castro amagaba con
    liberar a algunos presos políticos –excarceló a una docena por motivos
    de salud–, con la otra encarcelaba a un número mayor, organizaba actos
    de repudio contra los disidentes e inventaba la figura penal de la
    “peligrosidad predelictiva”, de la que se sirvió para meter entre rejas,
    en una auténtica operación de limpieza social, a más de 400 jóvenes.

    El desprecio de Fidel Castro a la mano tendida por Zapatero no se
    reflejó sólo en su política de oídos sordos a las exigencias de
    liberación de los presos políticos, tampoco dudó en tratar de exterminar
    cualquier tipo de apoyo recibido por la oposición desde el exterior.
    Así, ha expulsado de Cuba a más de una docena de políticos, periodistas
    y activistas de Derechos Humanos procedentes de varios países europeos.

    Zapatero ya no es nuevo. La reunión del Consejo que se celebrará esta
    misma semana supone una nueva oportunidad para que los demócratas
    volvamos a prestar nuestro apoyo a aquellos que desde Cuba abogan por un
    cambio pacífico hacia la democracia. Hay razones para la esperanza.

    Matías Jove, director ejecutivo de la Asociación Española Cuba en
    Transición (AECT).
    http://www.cubaentransicion.com/

    http://exteriores.libertaddigital.com/articulo.php/1276231899

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